CAPITULO UNO - PARTE CUATRO
Pedro sintió el sabor metálico del miedo y empezó a temblar.
- ¿Tienes algún otro familiar? - preguntó la asistente. Sin poder hablar, Michael negó con la cabeza.
- No te, preocupes. Encontraremos alguien que se ocupe de ti.
Sin embargo, por diversos motivos, tres familias adoptivas fueron incapaces de conservarlo durante más de un año. Demasiado mayor para ser adoptado, Michael acabó teniendo su casa en el Hogar Granger, donde había muy pocas posibilidades de desarrollar lazos emocionales.
Pero era un lugar adecuado para los sueños. Y Pedro no dejó de soñar en convertirse en un hombre que controlara su vida y su destino, un hombre rico ypoderoso. Pero nunca soñó en llegar a ser padre.
Como de costumbre, el despertador de Pau se puso a sonar poco antes de las seis. Tras apagarlo, se dispuso a ir al baño para tomar una ducha antes de ir a trabajar, pero entonces recordó que ya no trabajaba en CG Enterprises. Aún no se había acostumbrado al cambio de rutina. Su corazón latió más deprisa al pensar que estaba en paro, pero se tranquilizó al recordar sus acciones.
Su mente empezó a dar vueltas como un disco rayado. Pensamientos sobre Michael se deslizaron en ella con la insidiosa facilidad del humo, y el dolor del último encuentro regresó con toda su fuerza. Cada vez que pensaba en él se veía como una idiota.
Aunque sentía algo muy intenso por Pedro, no era amor. Apretó los ojos con fuerza y se dijo que tenía cosas más importantes en las que pensar. Como en su bebé. Por enésima vez se preguntó cómo iba a decírselo a sus padres.
Hija única y tardía, sabía que representaba todas las esperanzas y sueños de sus padres. Se estremeció al imaginar a su madre desmayándose y la expresión decepcionada de su padre. «Espera», pensó, y se preguntó cómo iba a esperar durante un año. Al menos tendría un respiro temporal, pues sus padres se habían ido de viaje en autocaravana a Branson.
Apartó a un lado sus preocupaciones y se levantó de la cama, decidida a seguir adelante como fuera. Después de ducharse y desayunar oyó que alguien llamaba a la puerta. Supuso que sería algún vecino, pero al abrir la puerta se encontró frente a Pedro . Sintió que el corazón le daba un vuelco al verlo. Su seria expresión contrastaba con el sol de la mañana y las animadas flores que adornaban la entrada de la casa.
Su rostro revelaba que apenas había dormido, pero no por ello dejaba de emanar su característica fuerza. Ese era uno de los motivos por los que Pau se sintió atraída por él desde el principio. Se intuía que, aunque Pedro pudiera caer como cualquier otra persona, no se desmoronaría y siempre saldría adelante.
Él la observó durante un largo e incómodo momento antes de mirarla directamente a los ojos.
- ¿Estás embarazada?
Pau dejó de respirar. Se sintió como si acabara de pasarle un tren por encima. Desprevenida, abrió la boca para decir algo, pero no logró articular palabra. Miró la puerta y pensó en cerrarla ante sus narices.
Pedro debió leerle la mente, porque plantó un pie en el umbral.
- ¿Estás embarazada? - repitió.
Desacostumbrada a que Pedro centrara en ella su atención con tal intensidad, Pau siguió luchando por recuperar la compostura. Estaba demasiado cerca de él.
Cuando logró respirar, inhaló su aroma y su cuerpo se ablandó como lo hizo la noche que compartieron.
- Sí - susurró, finalmente.
- Tenemos que hablar - dijo él, y entró en la casa.
Haciendo un esfuerzo por mantener la cabeza fría, Pau se cruzó de brazos y dejó la puerta abierta.
- Creo que no estoy de acuerdo.
Pedro alzó una ceja con expresión interrogante, pero no dijo nada.
- Ya dejaste bastante claros tus puntos de vista durante nuestra última conversación - continuó Kate -. Dijiste que serías un padre terrible y que no debía fiarme de ti.
Pedro apoyó las manos en las caderas.
- Eso fue antes de tener todos los datos.
- ¿Y cómo ha cambiado las cosas eso? - preguntó Pau, negándose a ceder a su debilidad por él. Esa debilidad ya le había metido en bastantes problemas -. ¿Acaso has adquirido de pronto la habilidad para ser un buen padre?
Pedro entrecerró los ojos.
- No. Puede que no sea capaz de hacer mucho por el bebé, pero al menos me ocuparé económicamente de él - tras una pausa, añadió - : También puedo darle un nombre.
- ¿Cómo?
- Podemos casarnos - contestó Michael, con la misma emoción con la que habría podido proponer que se compraran un coche.
Pau hizo un esfuerzo para que su cerebro funcionara como era debido.
- A ver si lo entiendo. No me quieres, no quieres ser padre ni marido, pero te parece buena idea que nos casemos para que el bebé tenga un nombre y seguridad económica, ¿es eso?
- Puedo ocuparme bien de él - dijo Pedro, con una firmeza que sorprendió e inquietó a Pau.
chaaan , ya subo de la otra nove
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