Según había dicho el director en su
discurso durante la reunión de antiguos alumnos, ellos
eran los que más éxito había tenido a lo largo de la historia
del Hogar Granger y, por tanto, debían ser los modelos a
seguir por los más jóvenes.
«Ellos» eran Dylan Barrow, Justin
Langdon y Pedro Alfonso. Este último no había podido
dejar de pensar en el comentario sobre los «modelos a
seguir». Unidos por su pasado común, su prosperidad y sus
cuentas
multimillonarias, los tres brindaron
por su éxito en el bar O’Malley.
Justin, un mago de la bolsa, alzó su
jarra de cerveza.
- Felicidades, Dylan —dijo—. Seguro que
te sorprendió averiguar que tu padre era el famoso
Archibald Remington, dueño de una de las empresas farmacéuticas más importantes del mundo.
Dylan asintió con expresión cínica.
Pedro consideraba que, de los tres, Dylan era el que
mejor daba la imagen de hombre rico y prospero. Ocultaba muy
bien sus duros orígenes, aunque Michael podía
atisbarlos con facilidad bajo la superficie, pues eran similares a
los suyos.
- Mi padre era un cobarde muy rico
—dijo Dylan—. No
me reconoció como hijo hasta su muerte. Me dejó mucho dinero, un puesto en la junta
directiva de una compañía que no quiere saber nada de mí y unos
hermanos horrorizados por el escándalo que represento. Todo
tiene su precio.
Pedro no podía culpar a Dylan por su
actitud. No recordaba ningún chico del Hogar
Granger que no hubiera anhelado tener un padre. Aquel era un
amargo detalle más que los unía. Ninguno de los tres
tenía padre. Apartó de su mente aquel deprimente pensamiento.
- ¿Cómo celebraste tu triunfo?
—preguntó a Justin, que empezó invirtiendo pequeñas cantidades
en bolsa hasta hacerse muy rico.
- Creo que no llegué a celebrarlo. Viví
durante años con muy poco dinero y en un barrio pobre
para poder invertirlo todo en bolsa, y no hice nada especial
cuando alcancé el primer millón. Cuando conseguí el
segundo me trasladé a un barrio en el que no hace falta tener
rejas en las ventanas. ¿Y tú? ¿Cómo celebraste el éxito de tu
empresa en Internet? Según la prensa y el discurso del
director del Hogar Granger, Pedro era un genio de los
ordenadores que se había hecho rico de la noche a la
mañana montando un negocio en Internet. Pero él sabía
mejor que nadie cuánto esfuerzo y trabajo le había costado
llegar donde estaba.
- Dormí ocho horas seguidas por primera
vez en tres
años.
Dylan movió la cabeza, pensativo.
-Yo pensaba que tener dinero lo solucionaría todo. —Soluciona muchas cosas —dijo Justin.
- Pero tiene que haber algo mejor que
esto. ¿No te has sentido como un fraude cuando el
director no paraba de insistir en el ejemplo que
representamos?
Pedro sentía el mismo vacío y la
misma insatisfacción que Dylan. El dinero le había aportado
una publicidad que no quería, unos fortísimos impuestos y
la sensación de que nunca encontraría lo que buscaba.
Fuera esto lo que fuese.
- Para lo que nos está sirviendo, lo
mejor sería jugárnoslo
todo.
Justin estuvo a punto de atragantarse
con su cerveza.
- Eso sería una imprudencia.
Dylan ladeó la cabeza.
- No es mala idea. ¿Dónde? ¿En Las
Vegas o en Atlantic City?
Justin miró a Pëdro y luego a Dylan.
- ¿Se puede saber qué habéis estado
bebiendo?
- Pedro tiene razón. Llega un momento
en que añadir ceros a la cuenta corriente deja de
resultar divertido. De momento, como más he disfrutado ha
sido comprando un coche y una casa para mi madre.
Ninguno de nosotros está casado ni tiene demasiada familia.
- El matrimonio es la aspiradora
gigante de las finanzas - dijo Justin en tono alarmado.
Pedro sentía el mismo rechazo por el
dinero, aunque por motivos diferentes. Se había
ganado honradamente su apodo de Hombre de Acero. Aunque
apenas confiaba en lo emocional, sentía el empuje insistente
de una idea extravagante.
- En lugar de ir a Las Vegas, podríamos
convertirnos en los benefactores con los que todos
habríamos querido contar cuando estábamos empezando.
Dylan lo miró un largo momento y sus
labios se curvaron
en una lenta sonrisa.
- Si uniéramos nuestros recursos
podríamos hacer cosas
grandes.
- Un momento - dijo Justin, claramente
preocupado -. ¿Unir nuestros recursos?
- Podríamos deducirnos muchos impuestos
—dijo Pedro, y la expresión de Justin se
suavizó al instante -. Deberíamos crear una especie de Club
Secreto de Millonarios.
- Una fundación secreta de millonarios
con deducción de impuestos - aclaró Justin de
inmediato.
- Hagámoslo - insistió Pedro. No había
tenido una idea tan clara respecto a lo que
quería desde que había iniciado su negocio y había contratado
a su secretaria, Paula Cahves. Esta era una de las pocas personas del planeta en las que podía confiar, y si él fuera un
hombre distinto, un hombre con corazón, su relación podría haber llegado a ser algo más que meramente profesional.
Una noche llegó a serlo, pero, afortunadamente, Pedro recuperó el sentido común a la mañana siguiente y logró
salvar su relación profesional.
- Yo me apunto - dijo Dylan, e hizo una
seña con la cabeza al camarero -. Sirva otra ronda.
Un prolongado silencio siguió a sus
palabras mientras él y Pedro miraban a Justin con expresión
expectante.
- De acuerdo, de acuerdo - dijo éste
finalmente -. Pero si las cosas no salen bien, no me
vengáis luego con lamentos.
- Salud - dijo Pedro, y alzó su copa
con un extraño sentimiento de anticipación -. Por el
Club de los Millonarios.
NUEVA NOVE , es adaptada , diganme que les parece en mi tw @NatuPauliterVnz , si les gusta por favor diganme para asi poder subir cap , si no les gusta borro el blog y sigo con la otra
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