miércoles, 15 de octubre de 2014

CAPITULO DOS - PARTE UNO

—Éste es mi jefe. Me he tomado unos días libres y quería que repasáramos unos detalles sobre un proyecto especial. Pedro alfonso , tom y Betty Chaves—dijo Pau, haciendo rápidamente las presentaciones—. Ya hemos acabado — añadió animadamente—. Puedes irte.

—Oh, no hace falta que te des prisa por nosotros —dijo su madre—. Pau nos envió un artículo sobre tu empresa. Muy impresionante. Siempre te ha tenido en muy alta estima.

—Gracias —dijo Pedro, dedicando a Pau una mirada especulativa—. Pau ha sido muy valiosa para mí. Irreemplazable.

«Irreemplazable como secretaria», se recordó ella con firmeza.

—Así es nuestra Pau —dijo Tom, radiante de orgullo—. Siempre ha sido muy especial para nosotros.

Pau sintió que su estómago se encogía de nuevo al pensar en la rapidez con que desaparecería la alegría y el orgullo de su padre si supiera la verdad. La idea de hacerles daño la ponía enferma…

—Pasa, estás en tu casa. Yo vuelvo enseguida — dijo, y se fue rápidamente al baño.

Se sentó en una banqueta junto al lavabo un momento para recuperarse y luego se levantó para lavarse la cara. No era dada a los ataques de ansiedad, pero no podía imaginar una situación más inapropiada para sufrir uno. Pedro alfonso empeñado en casarse con ella sin amarla y sentado en el cuarto de estar con sus padres. Reprimiendo un gemido, volvió a sentarse en la banqueta.

La puerta se abrió y Pedro se asomó al interior.

—¿Qué haces aquí? —susurró Pau—. Se supone que deberías haberte ido.

Pedro se acercó y la miró atentamente.

—¿Haces esto a menudo? —preguntó, y se agachó frente a ella.

—¿Hacer qué?

—Desmayarte.

—No me he desmayado —replicó Pau, irritada por la proximidad de Pedro y por la sensación de mareo que no la abandonaba—. He venido aquí precisamente para evitar desmayarme. Estoy segura de que me sentiré mejor en cuanto te vayas. Tenemos que volver, o mis padres…

—Tu madre ya sospecha algo —dijo Pedro—. Ha dicho que estabas pálida.

Pau se llevó una mano a la frente.

—Oh, no. Sabía que esto pasaría —gimió, y luego bajó la voz—. No puedo ocultarle nada. Siempre he sospechado que tiene visión de rayos X en los ojos. No puedo decírselo.

Se llevarían un disgusto terrible.

—Tendrás que decírselo en algún momento —dijo Pedro; con un encogimiento de hombros que dejó ver con toda claridad que no comprendía la situación de Pau.

—«Algún momento» no tiene por qué ser ahora.

—¿Y si estuvieras casada?

—No vuelvas a mencionar esa idea absurda —Pau sabía que su madre había estado planeando su boda desde que había nacido. Si Betty Adams hubiera podido hacer las cosas a su manera, habría casado a Kate con un niño vecino que se hizo dentista y habría hecho que se trasladaran a la casa contigua—. Me niego a estropear aún más las cosas tomando otra decisión con consecuencias a largo plazo — dijo, negando con la cabeza a la vez que se levantaba.

Pedro se irguió.

—¿Otra decisión? —preguntó.

—Sí. La primera fue meterme en la cama contigo. Y ahora tienes que irte.

—Pau —dijo él, y la tomó por el brazo.

El corazón de Pau comenzó a latir aceleradamente, confundiéndola. Apartó el brazo.

—Apenas me has mirado a los ojos en dos meses. ¿Por qué me tocas ahora?

—Las circunstancias son diferentes ahora.

«No lo suficiente», pensó ella, recordando cómo había destrozado Pedro sus esperanzas unas semanas atrás.

—Me conoces mejor que nadie, Pau —añadió él. Pau se humedeció los labios y simuló un despreocupado encogimiento de hombros.

—¿Y qué?

—Sabes que siempre consigo lo que quiero —contestó Pedro, taladrándola con la mirada.

Pau había visto aquella expresión de determinación en el rostro de Pedro en otras ocasiones, pero siempre en relación a sus negocios. Pero en aquella ocasión era por ella… o, más bien, por el bebé que llevaba dentro. Al oír pisadas acercándose, sintió otra oleada de pánico. Abrió la puerta y salió rápidamente para recibir a su madre en el vestíbulo.

—Mamá, Pedro estaba a punto de irse y quiere despedirse —dijo, sin aliento—. ¿Crees que a papá le importará mover la autocaravana para que pueda sacar el coche?

Miró rápidamente a Pau y vio que éste la observaba como si fuera un tigre acechando a su presa. Su pulso se aceleró al instante.

—Ha sido un placer conocerla, señora Chaves. Espero volver a verla pronto —dijo Pedo, haciendo saber a Pau indirectamente que su retirada era sólo temporal—. Estaremos en contacto, Pau —añadió.

—Adiós —Pause mordió el labio mientras veía cómo secalejaba.

—Creo que le gustas, Pau —dijo su madre, siempre esperanzada.

Pau negó con la cabeza.

—No te ha quitado los ojos de encima —insistió su madre—. Un hombre como él podría ser un buen marido.

Pau reprimió una docena de comentarios y volvió a abrazar a su madre.

—Mamá, cada vez que me ves con un hombre dices que no me quita los ojos de encima. Lo que quieres es que me case —bromeó con ligereza, pero sentía el corazón pesado.

Pedro dejó que la primaveral brisa de la tarde lo acariciara mientras permanecía sentado en su descapotable, cerca del dúplex de Pau. La autocaravana de sus padres acababa de salir del sendero de entrada. Miró su reloj y decidió dar a Kate cinco minutos de respiro antes de llamar a su puerta.

A pesar de su reputación de hombre duro, Pedro había sido incapaz de desentenderse del embarazo de Pau. La situación lo volvía loco, y no recordaba haber sentido nunca un impulso tan fuerte como el de proteger a su hijo de todo lo que había sufrido él durante su infancia.

2 comentarios:

  1. Muy buena la historia. Lo que sí te pido x favor que revises xq a veces estaban los nombres originales (Kate y Michael) y confunden.

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  2. muy buena historia y muy lindos caps @rociibell23

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